Sufrimiento: Dolor con un propósito
Algunos de ustedes se sienten descuidados por Dios cuando la desilusión o la perturbación caen sobre ustedes. Pero únicamente esos obstáculos pueden templar su carácter y afirmar su fe. Cuando cuelgan un cuadro en la pared, mueven el clavo y tantean para ver si es lo suficientemente firme como para soportar el peso del cuadro. Así, también, a fin de evitar que el cuadro de Dios (su imagen en su mente y su corazón) caiga y se estrelle en pedazos, el clavo (es decir, el nombre de Dios) clavado en la pared del corazón tiene que ser movido para cerciorarse de que está firme y es resistente.
Nuestra señal para avanzar
El dolor es señal de que algo anda mal. Cuando sentimos dolor en el cuerpo, sabemos que nos lastimaron o que estamos enfermos. Es una advertencia para que estudiemos la causa y reparemos el daño. El sufrimiento mental o emocional también es una indicación de angustia; nos impulsa a cambiar nuestras actitudes e ideas. La alegría es nuestro estado natural. Nadie se sorprende cuando un bebé está feliz, pero cuando el niño llora nos apresuramos a hallar y eliminar la causa.
El sufrimiento es un recordatorio para que avancemos con determinación hasta alcanzar la meta de la autorrealización. Cuando nos quedamos cortos con nuestros objetivos espirituales, nos recuerda que todavía no hemos descubierto nuestra verdadera naturaleza de alegría y sabiduría. El sufrimiento es una espuela que nos inicia en el sendero espiritual y nos mantiene activos en la práctica espiritual. Nos enseña las lecciones de la sabiduría amorosa y la comprensión compasiva. Imprime en nosotros la necesidad de fortaleza y resolución. El sufrimiento es un dolor con un propósito; nos alerta a buscar la comprensión de Dios antes que se nos acabe el tiempo.
Las causas del sufrimiento
En la India se utiliza un método simple para atrapar monos. Se coloca una banana dentro de una gran vasija con una boca angosta. Un mono curioso acude a examinar la vasija. Cuando descubre la fruta adentro, estira la mano para sacarla. Al tomar la banana ya no puede sacar la mano por la boca angosta de la vasija. En su codicia, el desafortunado animal no soltará la fruta, auque eso signifique su captura.
Cuando estamos cautivos por nuestros deseos erróneos somos como ese mono. Nos apoderamos del tesoro material, pero a la larga nuestro anhelo sólo nos causará sufrimiento. El deseo egoísta evita que nos sintamos satisfechos con nosotros mismos tal cual somos. Nos impide comprender nuestra verdadera naturaleza divina. Sostenemos ante nosotros imágenes tentadoras y después sufrimos porque no podemos alcanzarlas. El deseo hace que nuestras mentes den vueltas y no nos da oportunidad de hallar la paz.
El sufrimiento también deriva de nuestros delitos pasados. A lo largo de muchas vidas ignorando los principios espirituales, hemos construido un depósito de karma (consecuencias de nuestras acciones pasadas). Las consecuencias de aquellas acciones previas nos persiguen al igual que una deuda impaga. A través de la negligencia o la mala intención, podemos haber agravado el sufrimiento de otros, e incluso en esta vida los resultados nos alcanzan. Después de haber agregado el último leño al fuego, éste sigue ardiendo durante algún tiempo. Pero cuando nos desapegamos, no podemos ser afectados por el calor. Por lo general el sufrimiento no se origina en hechos externos, sino que proviene de nuestro apego a los resultados. Dos personas que sufren por una pérdida similar pueden verse afectadas de manera diferente.
La alegría y el sufrimiento son compañeros inseparables. Ambos son las consecuencias naturales de nuestro apego a los objetos del deseo. Cuando conseguimos las cosas que queremos somos felices; si no las conseguimos, nos entristecemos. Cuando adquirimos paz interior, no somos golpeados por los altibajos del mundo, entonces adquirimos paz espiritual que no está condicionada por el deseo de prosperidad terrenal. Con el tiempo, aprendemos a aceptar la alegría y la aflicción con ecuanimidad; entonces evitamos el sufrimiento innecesario.
Pruebas del carácter
Buscamos la comodidad para nosotros. Nos resentimos por los embates que graban al agua fuerte nuestro carácter.
Rechazamos las penurias que nos dotan de nuestro propio carácter único. Pero debemos pasar esas pruebas. Nuestra reacción ante situaciones difíciles es un examen de nuestra disposición para transitar la senda espiritual. La manera en que tratamos con la alegría y el sufrimiento demuestra lo que hemos aprendido y la fortaleza que hemos adquirido.
Cuando pasamos por situaciones difíciles, podemos sentir que Dios no ve nuestra condición. En realidad, es ahí cuando Dios nos está observando más de cerca. Nos da una oportunidad para demostrar nuestra fortaleza y resolución. Nos vigila de cerca para determinar nuestra fe a pesar de los obstáculos.
Una oportunidad para el crecimiento
El nacimiento es una experiencia dolorosa para la madre y el hijo. Crecer casi siempre implica cierto sufrimiento. A medida que crecemos aprendemos muchas lecciones difíciles. La inseguridad y los errores acompañan inevitablemente a la nueva experiencia. Sin embargo, no hay razón para evitarla.
Al sufrir las consecuencias de la acción incorrecta, eventualmente entendemos lo que produce alegría perdurable y lo que causa dolor. Aprendemos a juzgar nuestras acciones y motivaciones de una manera más realista. Vemos que a través del sufrimiento conocemos la compasión y desarrollamos un carácter dulce. Las necesidades de otros adquieren importancia, a la vez que las nuestras se hacen menos importantes. La experiencia del dolor y la pérdida aumenta nuestra dulzura.
Cercanía a Dios
El Señor no da a los hombres más sufrimiento del que ellos pueden soportar, El los protege y alimenta a lo largo del camino. Sea cual fuere el sufrimiento que se presente, no será más de lo que el hombre puede soportar. El señor está comprometido con el progreso de los que ama.
Bhagavan Sri Sathya Sai Baba
Textos seleccionados del libro: “Caminos hacia Dios” de Jonathan Roof
martes, 3 de noviembre de 2009
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